Regresión social dirigida

El objetivo es modificar el modo en que el perro se percibe dentro de la familia.

La regresión social dirigida en los perros pretende modificar la forma en la que el animal es percibido dentro del grupo familiar. Para conseguirlo, deberemos comprender las señales de comunicación de nuestro perro, y cómo este entiende las del dueño y sus formas de actuación.

Las pautas de regresión social dirigida pueden aplicarse progresivamente y deberemos adecuarnos a cada circunstancia. Si nuestro perro no presenta problemas de conducta no será necesario aplicarlo.

Según los expertos, el perro debería comer después de que lo haga su dueño, no antes ni mientras lo hace la familia. Para ello, será conveniente programar los horarios de comida, teniendo en cuenta los horarios del grupo y dando de comer a nuestra mascota cuando todos hayan acabado. Si no es posible, debería existir una hora entre la comida del dueño y la del perro. Además, el dueño no debe estar presente mientras el perro come.

La comida no debe estar en el comedero más de diez minutos, ya que el perro debe comprender que existen horarios.

Respecto a su momento de descanso, el perro no debe tumbarse en las zonas de paso, en una cama o en el sofá sin ser invitado. Debe contar, además, con un espacio exclusivo para que pueda descansar o donde refugiarse si se siente amenazado, un lugar donde nadie le moleste.

En cuanto al juego, es el dueño quien debe comenzarlo, no dejaremos que el perro tome la iniciativa de los contactos físicos. Cuando nuestra mascota ladra o salta no es que nos diga que nos quieren, si no que nos está pidiendo una atención que, según los expertos, no debería ser correspondida.

Tampoco permitiremos comportamientos sexuales en presencia del grupo, tales como actitudes de monta sobre objetos o sobre los propios dueños. Se trata en muchos casos de comportamientos jerárquicos y no de actividad hormonal reproductiva como tal.

Sanciones ante una mala conducta

Si nuestro perro ha realizado una mala conducta, aplicaremos cierta presión en la nuca y cabeza diciendo un no de sonido corto. La presión será firme hasta que la mascota ceda. En perros ya maduros será el veterinario quien nos dé las pautas sobre cómo actuar, ya que en cachorros es más fácil de hacer.

Los gritos, las amenazas, los castigos… son contraproducentes. El castigo no modifica adecuadamente una conducta en la mayoría de los casos y, por el contrario, incluso podemos crear un nuevo problema derivado de una situación de agresión o miedo que pueda sentir el animal.

De este modo, aplicaremos sanciones al perro cuando, por ejemplo, mordisquee las manos, los talones, los zapatos, un objeto que no debe o muestre signos de agresión.

Para favorecer la obediencia e ir estableciendo cambios y mejoras en su conducta, podemos realizar juegos que le enseñen a sentarse, a traer cosas, paseos con correa, bozal y collar que favorecen la buena relación con el dueño…

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Noelia
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