Perros dominantes

Existen maneras de modificar conductas.

El perro establece con la familia con la que convive una relación de subordinación o dominancia al igual que lo hace con los demás animales de su especie. Se trata de un proceso que se inicia cuando es un cachorro y si nos guiamos por la lógica, el perro ocupará el lugar más bajo en la escala de interacciones. Pero si en esta relación el animal siente que su posición es de dominancia respecto a uno o más miembros de la familia, defenderá su lugar de forma más o menos agresiva si se pone en duda su liderazgo. El punto álgido de agresividad puede llegar a los dos años y existen terapias de modificación de conducta para combatirla.

Así, podemos establecer con nuestro perro una pauta de premio castigo, y también tener en cuenta la alimentación, evitando dársela cuando nos la pida, no hacerlo en el lugar come la familia, que será quien coma en primer lugar.

La mejor manera de fomentar el liderazgo del propietario es a través de la obediencia, trabajaremos con el perro a través de sencillas palabras y órdenes como aquí, siéntate… realizando este proceso de aprendizaje también a través del premio, dándole una galleta o chuchería cuando haya hecho algo bueno. El perro aprenderá a que cuando quiera conseguir algo deberá hacer caso de una orden fácil.

Los expertos afirman que este grado de dominancia del perro dependerá de si se trata, por ejemplo, de un animal “guardián” o de un animal “familiar”. Ambos deben estar en lo más bajo de la jerarquía pero se debe procurar que el de guarda no lo esté ante extraños y tenga más confianza en sí mismo para asumir ese rol de protector. No se trata de una predisposición a la agresividad, si no como una forma de adoptar ese papel de liderazgo pero no en la propia familia.

El perro puede no tener claro el papel que desempeña en la familia y esto puede conllevar la aparición de algunos síntomas tales como el gruñir a sus dueños cuando le quieren quitar un objeto, no permitir que lo bajen de los muebles, mantener la mirada fija, montar las piernas o incluso llegar a la violencia con los dueños.

Podremos evitar conflictos jerárquicos si evitamos conductas como el dominio en la hora de comer, el dominio de espacios (por ejemplo, si tenemos que pasar por un sitio será él quién se mueva y nosotros no daremos la vuelta. Tampoco le dejaremos dormir en nuestra habitación), el gruñido, el control de los juegos o el apropiarse de determinados muebles.

El hecho de que un perro ocupe la escala baja de la jerarquía de la familia no significa en ningún caso que debamos estar constantemente atemorizándolo, es más, podemos provocar estrés en nuestra mascota si dejamos ver que no somos los líderes y su propia posición en la jerarquía se va modificando.

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Noelia
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