El lenguaje no verbal de los gatos: aprendamos a observarlos

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Cuántas veces hemos oído al dueño de un perro o un gato hablar de él como si fuera un humano: “Es que lo entiende todo”, “sabe perfectamente que no me voy a ir”, “qué, qué, que sí, que hay que comer, es que no tiene hambre”, “que no nos podemos quedar, hay que irse ya para casa”. Frases que cada día se pueden escuchar en las casas y los parques de medio mundo. Y aunque algunos piensen que estas personas están locas, no es así. Los animales tratan de comunicarse con nosotros y, en ocasiones, incluso lo consiguen. Aprendamos un poco más sobre el lenguaje no verbal de los gatos.

Lenguaje no verbal de los gatos: la cola

En muchos animales la forma en la que coloquen la cola nos puede decir mucho acerca de su estado de ánimo. Los gatos no son una excepción. Algunos ejemplos:

  1. Cola hacia abajo y erizada: está asustado.
  2. Hacia arriba y absolutamente recta: se alegra de vernos.
  3. Sentado y con la cola torcida: nervios
  4. Cola hacia arriba, recta, pero doblada en la punta: quiere ser nuestro amigo.
  5. Cola en horizontal con el cuerpo: tiene curiosidad por algo.
  6. Hacia arriba y erizada: le gustas. Si la pone así al ver a un gato del sexo contrario, es que nuestro minino se ha enamorado.
  7. Hacia adelante, metiéndose por debajo de las patitas: el temido celo.
  8. Hacia abajo, pegada al trasero: preocupación.
  9. Hacia arriba y erizada: está enfadado.

Lenguaje corporal de los gatos: las orejas

El gato también nos habla con las orejas. A través de ellas podemos saber qué es lo que nos quiere decir el minino o cuál es su estado de ánimo.

  1. Hacia abajo y planas: miedo.
  2. Vueltas y con tensión: está enfadado. Mejor si no nos acercamos.
  3. Hacia arriba con tensión: están a la expectativa, alerta.
  4. Relajadas hacia arriba: tranquilo, relajado. Lo normal es que, además, las mueva de vez en cuando.

El lenguaje de los gatos: los ojos

Dicen que los ojos son el espejo del alma. Los de los gatos también nos dicen cosas sobre ellos.

  1. Pupilas dilatadas y esféricas: nervios, miedo, incluso una pizca de agresividad. Como decíamos antes, mejor no acercarse a él esos momentos.
  2. Ojos a medio abrir, pupilas contraídas: el lenguaje no verbal del gato, en este caso, nos indica que está tranquilo, receptivo, a gusto.
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Óscar
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