La inhibición de la mordida

Un perro que no controla su mordida es potencialmente peligroso.

La inhibición de la mordida es una de las enseñanzas más importantes que debes inculcar a tu perro y a tu gato. Tu mascota debe aprender, desde una edad muy temprana, que sus dientes pueden lastimar, que a ti te duele cuando él te muerde, y que debe aprender a controlar o inhibir su mordida.

Idealmente, una mascota nunca debería morderte. La inhibición de la mordida sirve para que tu perro aprenda a controlar su mordida de forma tal que cuando te muerda (a ti, a tus hijos) no te cause daño alguno. Un perro que no controla su mordida es potencialmente peligroso, pues a la hora de morder puede causar lesiones que van desde hematomas o raspones, hasta heridas serias.

Juego entre perros

Si alguna vez viste dos perros o dos gatos (o dos cachorros) jugando entre sí, una de las primeras cosas que habrás notado es que tienen una manera de hacerlo que es bastante brusca. Muchas personas confunden el juego entre perros con peleas. Dos perros jugando se empujan, se gruñen, y se muerden, en un ritual muy similar al de una pelea. Es posible que el juego se torne más brusco aún, y que en un momento determinado uno de los perros le cause dolor a otro a través de su mordida.

Jugando con humanos

Cuando una mascota juega con un humano, es muy probable ver también este comportamiento. El juego es muy divertido, quien corre, ladra, gruñe, rasguña, y muerde, siempre como parte del juego, al humano.

El lenguaje de los perros y gatos

Cuando durante el juego, una mascota muerde a otra y le causa dolor, se siente agredido tiene varias maneras de informar al “agresor” un claro mensaje de: Oye, eso sí que me dolió, por favor, no me muerdas tan fuerte! Este comportamiento se observa principalmente entre cachorros que juegan entre sí, donde el agredido emite un chillido agudo indicando su dolor. Inmediatamente, el “agresor” dejará de morder, pues se acaba de dar cuenta que con la presión ejercida de sus mandíbulas, causó dolor a su compañero. Este comportamiento suele repetirse a lo largo del juego, y va condicionando a los cachorros a no morder más allá del límite de dolor de su compañero. El aprende, desde edad temprana, a inhibir su mordida.

El lenguaje de los humanos

La forma habitual que los humanos tenemos de reaccionar ante el dolor es bastante diferente que aquella de las mascotas. Cuando nuestro cachorro nos muerde, tenemos distintas actitudes como ser:

  • Gritarle “no me muerdas!”
  • Alejarlo con un empujón
  • En niños: llorar, correr en círculos, agitar los brazos
  • En casos extremos, golpear a la mascota

Ante los comportamientos naturales del ser humano

  • Cuando le gritas, él entiende: ¡Guau! ¡Aff! ¡Qué juego divertido!
  • Cuando lo empujas, él piensa: ¡Empujones! ¡Qué lindo!
  • Cuando un niño llora, él piensa: ¿que esta pasando?
  • Si el niño corre en círculos, o agita sus brazos: ¡Quiere que lo persiga! ¡Y que le muerda los tobillos o sus brazos!
  • Cuando lo golpeas: ¡Qué dolor! Yo con este ya no quiero jugar más, me va a hacer daño!

Imitando el lenguaje

Cuando de comunicarse con animales se trata, lo que mejor funciona es aprender e imitar sus comportamientos. Como viste en el punto anterior, muchas veces el mensaje que queremos enviar es muy distinto del mensaje que tu mascota recibe. La próxima vez que tu cachorro te muerda, ¡chilla! Chilla como chilla él cuando algo realmente le duele, un chillido agudo. Si lo haces bien, verás como él rápidamente te soltará. En ese instante, felicítalo y continúa jugando. Si te vuelve a morder, vuelve a chillar, y vuelve a felicitarlo cuando deje de hacerlo.

Mascotas insistentes

Por supuesto que muchas veces hay que recurrir a un paso adicional, y que también tiene que ver con la conducta natural de los perros: cuando un perro se cansa del juego del otro, se da media vuelta y se va. Es decir, finaliza el juego mediante un tiempo fuera. Si tu mascota insiste en morder, imita ese comportamiento. Finaliza el juego durante algunos minutos. Dale la espalda e ignóralo completamente. Si él insiste, vete a una habitación o a algún lugar donde no tenga acceso. Luego de unos minutos de calma, regresa a jugar nuevamente como si nada hubiera pasado. Una buena norma es hacer un tiempo fuera luego de dos ó tres “chillidos”. Tu mascota aprenderá que el morder finaliza el juego.

Autor: Fernando Borcel

Fuente: Foyel.com

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Noelia
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