Educación canina en positivo: dejar que el perro sea perro

Entrevistamos a Lluís Marín, de ZonaCan+, que nos desvela las claves de esta forma de aprendizaje.

Educar a nuestro perro no es tarea fácil. Requiere de paciencia, tiempo y ganas para lograr resultados satisfactorios. Uno de los sistemas para enseñar al perro a desenvolverse de manera correcta en cualquier situación es la denominada educación canina en positivo.

La educación canina en positivo consiste en educar al perro mediante refuerzos positivos (premios, juego, caricias…) para así enseñar a nuestra mascota la forma correcta de comportarse.

Cuidar Mascotas ha compartido charla con el educador Lluís Marín, de ZonaCan+, que nos ha explicado que, según las leyes del aprendizaje animal, una conducta reforzada positivamente tiende a repetirse y, por el contrario, una conducta no reforzada acabará por extinguirse. “De esta manera, si tenemos claro este concepto, podremos enseñar al perro cualquier comportamiento que deseemos y podremos evitar o modificar aquellos que no nos gusten”, señala este profesional.

A diferencia de la educación tradicional, en la educación canina en positivo se tiene en cuenta en todo momento las necesidades básicas del perro, siendo él el que nos marca el ritmo de trabajo adecuado en cada caso. “No le exigimos más de lo que nos puede ofrecer en cada momento y, de esta manera, avanzamos paso a paso hasta llegar a la solución definitiva del problema o a conseguir el comportamiento deseado sin causar ningún tipo de malestar ni efecto negativo en el perro”, resalta Lluís.

Los beneficios de la educación canina en positivo son varios. Por un lado, con este tipo de educación, el propietario consigue crear un vínculo con su animal imposible de establecer con otro tipo de educación. “Todo está basado en la colaboración y en el respeto mutuo; el perro siempre tiene la posibilidad de elegir cómo actuar, y cuando una conducta aporta algo beneficioso al animal éste la repite para recibir su ‘premio’”, añade el educador. Cuando hablamos de premio podemos referirnos a una caricia, una simple mirada del dueño o un segundo de su atención.

Además, otro beneficio de la educación canina en positivo es que el perro tiene la posibilidad de ser perro. “Nosotros no buscamos tener un robot que camine a nuestro lado mirándonos en todo momento, lo que queremos es darle la posibilidad de ser un perro, y como tal tiene unas necesidades básicas que debe desarrollar por sí solo. Se trata de llegar a tener unas normas básicas de convivencia perro/humano, pero para llegar a ello no es necesario imponerlas con métodos que aporten miedo o dolor al animal. Simplemente con paciencia y haciéndole entender que las buenas acciones tienen su recompensa podemos llegar a tener un perro equilibrado y feliz”, apunta Lluís Marín.

Desde ZonaCan+ no se contempla, por tanto, un tipo de educación que pueda ser perjudicial o dañina para el animal. “Rechazamos cualquier herramienta que cause dolor o miedo para adiestrar o educar a nuestros perros como, por ejemplo, los collares de pinchos, collares de ahogo, eléctricos etc.. Y todo ese tipo de técnicas ya obsoletas que se siguen utilizando hoy en día en otros métodos de educación tradicional, que a nuestro modo de ver no dejan de ser una forma de maltrato para el animal”, señala Marín.

El proceso de educación canina en positivo

El proceso de educación canina en positivo tiene que basarse, principalmente, en la paciencia. El ritmo lo marca cada animal. “Cada perro es diferente y aprende de forma distinta, según el estado mental y físico del perro se avanzará más o menos rápido”, resalta este experto. Es muy importante ir paso a paso, utilizando siempre el refuerzo positivo, premiando toda acción deseada que queramos que sea repetida e ignorando cualquier comportamiento no deseado con el fin de que acabe por extinguirse. “Y, sobre todo, trabajando día a día de una manera constante, agradable y divertida para el perro. Es más fácil aprender jugando y divirtiéndose que aprender bajo presión o miedo a equivocarse para no recibir un castigo”, añade.

Se debe empezar a trabajar la educación canina en positivo desde la llegada del cachorro a casa para que no aparezcan futuros problemas de comportamiento o malas conductas. “Si desde el primer día empezamos a hacer las cosas bien, más fácil será la convivencia para todos. Es fundamental que todos los miembros de la familia se impliquen en la educación del perro y que trabajen en una misma línea”, apunta Marín. Además, habrá que tener en cuenta la edad del perro. “No podemos trabajar igual con un cachorro que con un perro joven o un perro adulto, pero todos los perros pueden aprender durante toda su vida indistintamente de la edad que tengan, siempre que marquemos los tiempos de trabajo adecuados para cada uno”.

Una vez el animal ha adquirido unas pautas de comportamiento, deberemos dejar que el perro actúe con normalidad ante cualquier situación, permitiendo que solucione sus problemas y resuelva todos los obstáculos que se vaya encontrando. “A todo lo que nosotros demos importancia él también se la dará ya que nosotros somos su referente”. Sobre todo, resalta este adiestrador, debemos dejar que sea perro en todo momento. “Muchas veces, si nos ponemos en su lugar y nos preguntamos ¿qué haría yo si fuera un perro? La solución a muchos problemas o dudas se solucionarían o se evitarían simplemente haciendo lo que haría él. Hay que tener en cuenta que para solucionar un problema lo más importante es evitar que suceda. Actuando de esta manera y dándole al perro el cariño y afecto que necesita a lo largo de su vida conseguiremos una relación y un vínculo de colaboración único”, concluye Marín.

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Noelia
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